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+ Este es el resultado de actuación por consigna

Luego de casi cuatro años, tuvo que ser la Suprema Corte de Justicia de la Nación la que restableciera los parámetros de la legalidad en Oaxaca, respecto al caso del menor presuntamente violado en el Instituto San Felipe. Aunque nadie lo quiso aceptar en su momento, el resultado de hoy es la consecuencia de la manipulación, la politización y la mediatización que inopinadamente provocaron el Gobierno del Estado, los señalados como responsables, e incluso la misma familia y los abogados defensores del niño.

En efecto, sólo aquellos que no quisieron ver, pasaron por alto que desde un inicio este procedimiento penal estaba encaminado al fracaso. A la luz del análisis frío, pudo verse desde siempre que tanto la acción de quienes buscaban justicia, como la actuación del Ministerio Público del Estado e incluso de los tribunales jurisdiccionales, estuvo presionada y determinada por la politización y los efectos de la mediatización de un asunto, que debió resolverse con estricto apego a derecho no en una arena política, sino dentro de los tribunales competentes.

Para constatar esa situación, que siempre estuvo a la vista de todos, basta con recordar el hecho y las aristas particulares que lo envolvieron. En ese sentido, debemos recordar que la madre del menor, Leticia Valdés presentó una denuncia penal ante la Procuraduría General de Justicia del Estado el 23 de mayo de 2007, en relación a una serie de ataques sexuales de que había sido objeto su hijo de cuatro años de edad.

Sin embargo, no fue sino hasta septiembre de ese año, cuando los hechos fueron ventilados en un medio impreso local, denunciando además la lentitud con la que la Procuraduría integraba el expediente judicial, para que fueran libradas las órdenes de aprehensión respectivas.

La publicación masiva de ese asunto tuvo varios efectos. Uno de ellos, fue provocar una comprensible ola de indignación social por las características del hecho. A partir de entonces, diversas organizaciones civiles y de lucha social manifestaron su apoyo a la madre denunciante e iniciaron diversas campañas de denuncia dentro y fuera de nuestro Estado.

No obstante, otro de los efectos que detonó la exigencia masiva de justicia, fue el hecho de que desde un inicio, los denunciantes —la madre del menor, sus abogados y sus consejeros personales— pusieron especial énfasis en sus declaraciones de prensa, que no se hacía justicia justamente porque el abogado defensor de los presuntos violadores (el esposo de la dueña del Instituto San Felipe, y dos profesores) era Jorge Franco Jiménez, padre de un cercanísimo colaborador del entonces gobernador Ulises Ruiz Ortiz.

Con esos dos ingredientes combinados (la indignación social y la denuncia sobre el tráfico de influencias desde las más altas esferas del poder) el asunto adquirió una relevancia sin precedentes. La opinión pública, medios informativos, organizaciones civiles que ya tenían viejas afrentas con el gobierno estatal, y todos aquellos enemigos del régimen que entonces gobernaba, se aglutinaron para denunciar lo ocurrido, y exigir justicia en todos los foros locales, nacionales e internacionales en que les era posible.

El resultado de la investigación, ante todas esas presiones, fue el previsible: apenas unas semanas después de desatadas aquellas presiones, en las que el punto central era el relativo a que el Gobernador era el responsable de fondo de esa injusticia, la Procuraduría estatal, presionada por el escándalo, consignó la Averiguación Previa a un juez, con la orden expresa de que librara de inmediato las órdenes de aprehensión respectivas, sin importar si estaba o no bien soportada la comprobación del cuerpo del delito y la probable responsabilidad de los señalados.

DESGRACIA PARA LA JUSTICIA

Hace casi dos años, en nuestra entrega del 28 de mayo de 2009, en esta columna apuntamos que “El proceso judicial que enfrenta en prisión la profesora (Magdalena) García Soto, no representa más que el eslabón más débil de una cadena de señalamientos, en los que los —probables y principales— responsables siguen al amparo de la impunidad. Esto porque no existe —y seguramente nunca existió— una investigación real para dar con su paradero”. El paradero de los dos inculpados, Hugo Gabriel Constantino Cruz y Adán Salvador Pérez Martínez, dos años después, sigue siendo sospechosamente desconocido.

Pero también, en esa misma entrega, señalamos los riesgos de querer hacer justicia en base no a los procedimientos, sino a la presión política. En ese sentido, apuntamos que “el efecto mediático que le imprimieron las organizaciones sociales desde el momento en que el caso se ventiló públicamente, provocó una guerra de spots y declaraciones desde ambos frentes, que a casi dos años de distancia en nada han abonado a la tarea esencial de demostrar la responsabilidad y, en su caso, la inocencia de los señalados. Todo esto es lo que sigue provocando que hoy sea a través de la presión social, como cada una de las partes busca la justicia a su favor, y la concreción de sus intereses. Y así, simplemente, nunca funcionará eficazmente la justicia.”

Hoy queda claro que, en efecto, así la justicia simplemente no funciona. Si la Procuraduría de Oaxaca actuó presionada por las circunstancias, y consignó el expediente ante un juez sin tener perfectamente soportadas sus acusaciones; y si el Poder Judicial del Estado —también actuando por consigna— sentenció en primera y segunda instancia a la profesora García Soto (primero a 10 años de prisión, y luego con una reducción a seis años y ocho meses), todo para tratar de aparentar que sí hacía justicia, entonces al final todos terminaron siendo víctimas de sí mismos.

Así, si la defensa del menor presionó política y mediáticamente para que se hiciera justicia, fallaron. Si el gobierno anterior hizo todo para dictar una sentencia endeble, pero que aparentara justicia para evitar más cuestionamientos además de los muchos que ya tenía encima, entonces finalmente también falló.

IMPUNIDAD

La libertad de la profesora García Soto corrigió, a juicio de la Corte, un acto de injusticia. ¿Pero qué tan injusto es que con su liberación, también quede demostrado que la Procuraduría y el Poder Judicial cometieron innumerables errores, y los responsables de ellos hoy estén tan campantes como siempre? Finalmente subsiste el asunto de fondo: un niño fue violado, y todos, todos, todos los responsables andan caminando por ahí, libres, como si nada hubiera pasado.

+ PRI: factores de poder cobran a URO viejas afrentas

Si existe en México un factor de poder dentro del PRI, que tiene vínculos estrechos con la maestra Elba Esther Gordillo, ese es el presidente nacional electo, Humberto Moreira Valdez. Sólo a partir de ello, es que se puede explicar el aparente desdén del CEN priista a la revuelta que hoy ocurre en el priismo oaxaqueño, y el endurecimiento del discurso entre quienes pretenden “rescatar” o sostenerse en la dirigencia de ese partido en Oaxaca.

Se supone que en un partido político, todas las corrientes y expresiones tienen la entera libertad de hacer y decir lo que les plazca. Sólo que, en el caso del priismo, la disciplina y la subordinación a las decisiones verticales continúan teniendo un peso fundamental entre sus dirigentes y militantes. En el tricolor nacional, no se mueve una hoja del papel sin el conocimiento y la venia de sus factores dominantes.

Si esto es así, ¿por qué entonces vemos esta completa anarquía en el PRI de Oaxaca? Se supone que el diputado federal Eviel Pérez Magaña es el presidente del Comité Directivo Estatal, gracias al aval de la dirigencia nacional.

Se supone que todo esto, además, se encuentra sostenido por el respaldo y los amarres políticos del ex gobernador Ulises Ruiz. Y se supone que éste sigue siendo, por sí y por interpósitas personas, el Jefe Político del priismo oaxaqueño.

De este modo, si se supone entonces, que existen todos los acuerdos cupulares para el sostenimiento de Pérez Magaña como dirigente estatal, y que en la militancia y los factores de poder prevalece el sentido de disciplina a su dirigencia nacional, entonces se reitera la pregunta: ¿Por qué todos enfilan hoy sus baterías en contra de la dirigencia estatal?

La pregunta es sencilla de responder: En primer lugar, porque la figura del Jefe Político parece estar superada en Oaxaca; y en segundo término, porque aún cuando la dirigencia nacional del PRI no ha apoyado —ni lo hará en el corto plazo— a ninguna causa golpista al interior del tricolor oaxaqueño, ésta tampoco ha frenado a las voces críticas.

A partir de ello, entonces, es que se puede entender el surgimiento de esquiroles, de voces críticas, e incluso de viejos priistas, hoy huérfanos, que como no encuentran acomodo en ninguna de las corrientes, entonces alzan la voz para ser tomados en cuenta.

Así, la primera afrenta se abrió entre quienes pretenden colonizar al tricolor desde el Gobierno del Estado. El diputado federal Jorge Franco Vargas, ha tratado a toda costa de encender la flama opositora de un priismo que no necesariamente lo asume como el líder que necesitan en estos tiempos.

Y es que si al grupo que encabeza Pérez Magaña lo ven como la encarnación de lo peor de la corrupción e incapacidad del ulisismo, a Franco lo asumen como el mejor de los representantes del autoritarismo, de los cuestionamientos y de los señalamientos de abusos, que luego de seis años de hacer mella en la credibilidad del tricolor en Oaxaca, los llevaron al rechazo ciudadano, y a la derrota electoral.

En una tercera vía —como la que plantea el diputado federal Jorge González Ilescas—, a partir de ahora el PRI debe tener planteamientos más serios y coherentes sobre lo que necesita ser y hacer para encabezar a la oposición en Oaxaca, y para seguir teniendo competitividad de cara a los procesos electorales que se avecinan.

Así, todo el mes de febrero será de vía libre para que los grupos que buscan sostenerse o cambiar a la dirigencia estatal, hagan lo conducente. Después, se verá cuánto pesan a Humberto Moreira sus compromisos con su madrina, la maestra Gordillo; y cuánto desea meter las manos por su asesor el ex gobernador Ruiz, que por las viejas historias del madracismo, es uno de los últimos enemigos políticamente vivos de la expulsada ex Secretaria General del CEN del PRI.

ROBLES, DEFENESTRADO

Desde el 4 de julio pasado, la actuación de Benjamín Robles Montoya tuvo un común denominador: hizo todo para hacerse del mayor control posible del recién obtenido Gobierno del Estado, y para avasallar a sus adversarios internos. Desde entonces, y hasta la noche del sábado, tuvo todo el poder en las manos. Pero su ambición terminó por traicionarlo.

Robles fue separado de la todopoderosa Jefatura de la Oficina de la Gubernatura. No entendió que al peso de su historia personal, no podía sumarle todas las afrentas y odios que generó en estos escasos dos meses de gobierno. Con este par de ingredientes, su integridad y peso político terminarían por desfondarse. Eso fue lo que ocurrió.

Las intrigas y odios que generó del 4 de julio a la fecha, han sido ampliamente reseñadas por la prensa. En aras de acumular poder, se enfrentó a prácticamente todos. Y ya perdió. Sin embargo, en estos momentos vale la pena recordar una vieja historia, que reseñamos en esta columna el 7 de diciembre de 2009, y que revela por qué Robles desde siempre fue un factor de inestabilidad para el gobernador Cué.

Quienes conformaron la Coalición que llevó a Cué a la victoria, aseguran que la Presidencia puso dos condiciones para brindar su apoyo: una, que el inminente candidato se deslindara de AMLO; y dos, que alejara a Robles de cualquier relación con el PAN. ¿Por qué tal aversión?

Y apuntábamos: “Aunque pareciera una exageración que el PAN le tomara esa importancia a un personaje de segundo nivel como Robles, aseguran que en la Casa Presidencial tienen referencias exactas de sus intrigas, mañas y ‘métodos de trabajo’.

“Aseguran que la aversión de Felipe Calderón hacia Robles es añeja, y data de hace más de una década. En 1995, el hoy Presidente de México fue candidato a la gubernatura de Michoacán. Esos comicios los perdió ante el priista Víctor Manuel Tinoco Rubí. Y Robles, era uno de los operadores más eficaces del candidato tricolor en cuestiones de espionaje y recopilación de información sobre sus adversarios políticos. Estaba bajo el mando del veracruzano Juan Benito Coquet Ramos.”

ESPIONAJE Y HOSTIGAMIENTO

“Coquet y Robles, hicieron objeto de todo tipo de intrigas, vigilancia e investigaciones a los adversarios de Tinoco, para determinar sus movimientos, estrategias y acciones. Aseguran que uno de sus vigilados era Calderón Hinojosa.” Así, el Presidente conoce perfectamente a Robles. Y éste, además de los cuestionamientos al más alto nivel por su negro pasado, resultó ser un funcionario conflictivo e inestable, que ya le causaba más problemas que beneficios al gobernador Cué. Abundaremos.

+ Capacidad política: ya deben constatarla

Para nadie es un secreto que, en la práctica política, los documentos estatutarios del Partido Revolucionario Institucional en Oaxaca, sirven para lo mismo que las telarañas: en ellos, los insectos políticos pequeños se quedan atrapados, y los grandes las rompen. En efecto, quien ha seguido con detalle la forma y los tiempos en que han sido sustituidos los más recientes dirigentes de ese instituto político, sabe que, salvo excepciones, ninguna pasaría satisfactoriamente por el tamiz de la legalidad interna, y mucho menos por el de la revisión y juicio de los órganos jurisdiccionales de control de legalidad, y constitucionalidad competentes.

¿De qué hablamos? Específicamente, de que si revisamos la forma en cómo accedieron al poder los últimos ocho dirigentes estatales del PRI, seguramente nos encontraremos con más de una sorpresa. Así, en primer término, es necesario remontarnos al antecedente más remoto de los líderes tricolores que ha habido en los últimos años. En ese primer momento, habremos de toparnos con el nombre de Bulmaro Rito Salinas. Curiosamente, él fue quien legó a casi todos sus predecesores, la última dirigencia estatal legal y legítimamente conformada. ¿A qué nos referimos?

A que por ahí del año 2003, fue Rito quien buscó la dirigencia estatal, y la consiguió, a través de todo un proceso interno del tricolor, en el que resultó legalmente electo. Hagamos memoria: él accedió al cargo, luego de que se emitiera una convocatoria para elegir al Presidente estatal del tricolor, luego de que feneciera —y se prolongara por más de seis meses— la gestión del entonces senador Ulises Ruiz.

Rito se inscribió en dicho proceso interno, llevando como compañero de fórmula a Germán Espinoza Santibáñez. Ante la ausencia de contendientes, Rito y Espinoza ganaron la presidencia y secretaría General del CDE del PRI. Así, Rito fue líder priista hasta mediados de 2004, cuando fue postulado, y ganó la diputación local por la vía de representación proporcional, para convertirse en presidente de la Gran Comisión del Congreso del Estado. El cargo partidista lo asumió, por primera vez por vía de la prelación, Héctor Anuar Mafud Mafud.

Mafud entregó la dirigencia estatal, también por prelación, en febrero de 2005, a Jorge González Ilescas; éste, en marzo de 2006, hizo lo propio, por la misma vía, con Héctor Pablo Ramírez Leyva, quien, a su vez, le dio posesión en diciembre de ese mismo año, y asimismo por la sucesión de cargos, a Heliodoro Díaz Escárraga.

Luego de esa poco clara transmisión de la dirigencia, fue Jorge Franco Vargas quien, a principios de 2008, se generó una nueva elección ya no por prelación, sino estatutaria, para asumir el cargo de Presidente del CDE del PRI. Aunque esto último hace menos tiempo del que parece, ya pocos registros parecen quedar de ello en la memoria colectiva. Así, Franco, al igual que Rito, contendió en un proceso interno en el que no tuvo contendientes; realizó proselitismo, giras de trabajo y reuniones con consejeros políticos y la militancia. Documentalmente, su elección fue legal; y, políticamente, en su momento también fue legítima.

En este punto debíamos preguntarnos por qué si todas las elecciones anteriores a ésta, aquí reseñadas, y las posteriores (de Adolfo Toledo, y Eviel Pérez Magaña), podrían tener algún vicio de legalidad, no hubo cuestionamientos a las mismas. La respuesta está en que, la militancia priista, asumió como tal la disciplina y los mandatos de su Jefe Político, que por eso nunca cuestionó si la forma en que sus dirigentes accedían al cargo era legal. Con la legitimidad política que les daba la decisión del Jefe Político —entiéndase, el Gobernador del Estado— era suficiente. Ante la falta de impugnaciones, esos actos se convalidaban. Aunque los estatutos del tricolor fueran violentados en la misma proporción que hubo cambio de dirigencias en el último sexenio.

DESTERRAR VERTICALISMOS

¿Por qué traer todo esto, que estaba archivado en la memoria, al presente? Porque según se ve, la dirigencia actual del priismo —la formal, que se encuentra en el Presidente del Partido, y la fáctica, que está en manos del aún Jefe Político— no está entendiendo el momento y las circunstancias que le están tocando vivir. A partir de diciembre próximo, la dirigencia tendrá que convalidarse a partir de las verdaderas demostraciones de liderazgo, y deberán abandonarse las “líneas” y los verticalismos que, ante la ausencia del poder gubernamental, serán imposibles de sostener y convalidar, con una militancia que ya no tendrá la coerción del Jefe Político.

Una primera demostración de ello, ocurrió el viernes pasado, en la reunión de Consejo Político. En más de una ocasión, la dirigencia estatal, y el grupo que la rodea, había dispuesto la conformación de las comisiones internas, que tenía que convalidar la militancia, y al momento de votarlas, ocurrió exactamente lo contrario.

¿Qué demuestra todo eso? Que a partir de ahora, la forma en que se tomen las decisiones que se tomen al seno del PRI tendrá que variar. Es de obtusos pretender seguir imponiendo decisiones no consensadas, a una militancia que se siente agraviada por el grupo al que consideran como responsable de la derrota del pasado mes de julio, y que ahora pretende seguir teniendo el control del tricolor sin tomar en cuenta a la militancia.

El problema es que, a partir del próximo mes de diciembre, la “legitimidad política”, y los verticalismos, ambos emanados del Jefe Político, serán nada frente a las necesidades de legalidad estatutaria y, ahora sí, aceptación y convencimiento de la militancia. Será simplemente imposible —y ya comienza a constatarse— seguir actuando en base a simples verticalismos y conveniencias de una camarilla. De seguir así, enfrentarán más riesgos que beneficios, de una dirigencia que se queda vulnerable, y sin los respaldos políticos y económicos que la han sostenido hasta el momento.

LIDERAZGOS A COMPROBAR

Según parece, los líderes tendrán que demostrar que verdaderamente tienen sustancia, y que no son puramente consecuencia —como varios de ellos, hasta ahora— de la decisión del Jefe Político. Las violaciones estatutarias reiteradas, no deberán seguir siendo la constante entre quienes pretenden conducir los procesos del tricolor en los próximos años. Si no asumen esas lecciones de integridad y congruencia, los pretendidos colonizadores actuales del tricolor, serán los primeros que saldrán por piernas.

+ Hoy, día importante por registro de aspirantes en priismo

 

Aunque fragmentada, se ha conocido buena parte de la historia sobre las negociaciones y los pactos realizados entre el gobierno federal y el Partido Revolucionario Institucional, en relación al paquete económico del presente año, y la conformación de alianzas electorales en entidades como Oaxaca. Parece raro, pero en nuestro país causó poca sorpresa lo que, en cualquier otro, habría sido un escándalo de grandes magnitudes y daños para los involucrados.

Hace unas semanas, cuando la dirigencia nacional del Partido Acción Nacional presentó al ex senador Gabino Cué Monteagudo como su inminente candidato a gobernador de Oaxaca, las turbulencias se dejaron sentir en diversos frentes. Dentro de la misma coalición opositora, diversos personajes que aspiraban a obtener la candidatura a Gobernador, manifestaron su molestia por la estrategia panista de presentar inusitadamente a quien sería su abanderado.

Sin embargo, esa fue la menor de las turbulencias. En la casa de enfrente, en el Revolucionario Institucional, hicieron revivir una disputa que había comenzado desde septiembre del año pasado, cuando Acción Nacional y el Partido de la Revolución Democrática aceptaron públicamente, por primera vez, que estaban explorando la posibilidad de unirse para participar en comicios estatales, como el de Oaxaca.

En aquellos momentos, el anuncio provocó una fuerte declaración de rechazo en la bancada priista, a lo que consideraron como “alianzas contradictorias”. Desde entonces se deslizó el amague de que la bancada tricolor condicionaría la aprobación del Paquete Económico para 2010 del gobierno federal, al compromiso de que el partido que gobierna en el ámbito federal no entablara alianzas ni para los comicios de Oaxaca, Puebla, Veracruz y otras entidades, en 2010, ni para el proceso electoral de 2011 en el Estado de México.

Tal versión, fue rápidamente desmentida por los propios priistas. En aquellos momentos, los tricolores parecían comprender que la exteriorización de un amague, y un pacto de esa naturaleza, haría cimbrar no sólo al panismo gobernante en el ámbito federal, sino también a ellos.

Y no era para menos. El solo supuesto de que se entablara una negociación a partir del presupuesto público y las alianzas electorales, entrañaba cuestionamientos que iban más allá del partidismo, y se inscribía en los asuntos de Estado. Nunca, en ningún país del mundo —y menos en las naciones que se dicen democráticas— se transigen públicamente temas eminentemente partidistas, poniendo como moneda de cambio algo tan esencial como el gasto público de la Federación.

Por eso, en un primer momento el priismo decidió mantener esa negociación, ante los ojos del público, como un mero chisme que no tenía fundamento alguno, y que más bien había sido inventado como un infundio que lo mismo trataba de amagar al Partido Acción Nacional, que de descalificar la vocación de Estado que siempre aseguran tener los tricolores. Sin embargo, es evidente que los pactos sí existieron, las consecuencias también. Y ni se diga las penalizaciones. Si todo camina como hasta ahora, el país —y no sólo priistas o panistas— se mantendrá en un estado de paralización que, incluidos azules y tricolores, pagaremos todos los mexicanos.

¿NEGOCIAR EL

GASTO PÚBLICO?

En cualquier familia, o sociedad, es una acción doblemente reprobable que una persona apueste el dinero que tiene, y el que aún no gana, en una partida de póquer, o en un juego de azar. Eso es justamente lo que hicieron, a partir de septiembre, panistas y priistas en una —aparentemente inconfesable— mesa de negociación en la que se hizo transitar el paquete económico del presente año, en un marco de relativo consenso, acuerdo y confianza del Poder Legislativo.

Cada uno tuvo sus razones. En primer término, los tricolores han utilizado con eficacia la mayoría legislativa que hoy tienen en la Cámara baja. Saben que, fundamentalmente, esa mayoría sirve para determinar el rumbo del Gasto Público de la Federación. Saben también que esa mayoría es hoy su principal herramienta de acción y negociación electoral. Y saben que el único dique al que se podrían enfrentar en su proceso de reconquista del poder federal, es el de la unión de los partidos que le son opositores, así como el intento de ganarles las batallas previas (los comicios estatales) a la gran guerra electoral de 2012.

¿Por qué, en el ámbito priista, los gobernadores Enrique Peña Nieto, del Estado de México, y Ulises Ruiz, de Oaxaca, fueron determinantes? Porque son los dos líderes regionales del priismo, que más allá de sus demarcaciones, apostaron por apoyar a más aspirantes a cargos legislativos en entidades federativas donde el priismo no es fuerte, y que por tanto tienen el control de importantes bloques parlamentarios que rebasan las solas fracciones legislativas de sus entidades federativas. Esto, además de que en Oaxaca y el Estado de México, es donde se libran las batallas electorales locales que tienen más peso moral, emocional y político, para los partidos políticos nacionales.

Empero, el panismo también tuvo sus razones para la negociación. El gobierno del presidente Felipe Calderón vio reducidos sus márgenes de maniobra, y por esa razón tuvo que llegar al extremo de pactar alianzas a cambio de la aprobación del Paquete Económico 2010. No cumplió. Y los priistas se lo han reprochado a grado tal, que dicen estar dispuestos a mostrar los documentos y demás elementos que muestran que, en efecto, el Secretario de Gobernación comprometió las alianzas, a cambio del apoyo al paquete económico.

¿Cuál es la consecuencia? Que más allá del partidismo, lo que queda en mal —y mucho— es la imagen de México. ¿Con qué confianza se ve México desde el exterior, cuando en guerras partidistas se transige con algo esencial como el gasto público? Es lo mismo, o casi, que si quisieran negociar a partir de los derechos humanos, la democracia constitucional, o las garantías mínimas de seguridad jurídica existentes. Al final, no pierde o gana el PRI o el PAN: pierde el país.

 

PRIISTAS DECLINAN

El sábado, tanto el ex dirigente priista Jorge Franco, como el edil citadino, José Antonio Hernández Fraguas, declinaron a continuar con sus aspiraciones por la candidatura a Gobernador del PRI. Ayer, hizo un anuncio similar el secretario de Administración, José Antonio Estefan Garfias. El senador Adolfo Toledo sigue en silencio. Se allana el destino de la candidatura priista.

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+ Ausencia de aspirantes: porque no existe acuerdo

 

La noche del pasado martes, el diputado federal Eviel Pérez Magaña presentó un informe de actividades, a nombre de la bancada oaxaqueña del PRI en la Cámara baja del Congreso de la Unión. El acto, en sí mismo, estuvo cargado de mensajes para la clase política priista, pero también para los demás actores y fuerzas que participarán en el proceso electoral estatal de julio próximo. Fue una muestra de las más importantes flaquezas y fortalezas que tiene el tricolor frente a sí mismos, y ante sus competidores.

Es evidente que, por las circunstancias y el momento en que ocurre, el informe legislativo del diputado Pérez se inscribe no sólo en la dinámica parlamentaria o aún electoral, sino que ocurre en el umbral de una definición partidista —la más importante del sexenio— que, de acuerdo con todas las señales, es favorable a su causa. En ese contexto, dicho evento contó con todos los elementos —buenos y malos— de la práctica política que es “tradicional” en el priismo de Oaxaca. ¿Por qué?

Porque ahí, nuevamente se dejó ver que la institucionalidad del priismo continúa siendo superior a los cuestionamientos por su verticalidad y antidemocracia; y más bien, en la clase política actual, parece seguir existiendo un férreo sentido de disciplina en el que, a muchos, independientemente que les guste o no que un diputado federal organice inusitadamente un informe de labores —o que dicho acto sea el contexto en el que se aparece como el potencial candidato a la gubernatura del Estado—, se alinean a los designios de su partido y de quien sería su candidato.

Eso fue exactamente lo que ocurrió la noche del martes. Un número importante de servidores públicos, representantes populares, líderes partidistas y demás, acudieron arropar a quien el Jefe Político escogió para sucederlo en el cargo. Es decir, todos los que han comprendido a cabalidad, no sólo que la militancia política en un partido significa congruencia e institucionalidad, sino también que este es el momento adecuado para sumarse a un proyecto que, independientemente de las preferencias y las lealtades, significa la continuidad de las oportunidades, el empleo, y el acceso al poder.

Así, lo que se dejó ver en dicho informe, es la consumación de un proyecto político en el que nunca estuvo en duda el apoyo de las fuerzas disciplinadas e institucionales, pero que ahora tendrá que buscar la porción de legitimación que le hace falta entre todos aquellos grupos que no sólo responden a la institucionalidad sino que, aún siendo parte esencial de ese partido —y de quienes han acompañado al gobernador Ulises Ruiz en su liderazgo político—, tienen convicciones, proyectos y definiciones distintas.

Ahí es donde radica el mayor de los retos para la empresa electoral del diputado Pérez: hacer patente que su proyecto político es verdaderamente extensivo hacia todas las corrientes de su partido, y que tiene la voluntad no de continuar avasallando en las definiciones, sino de conciliar y construir un bloque que pueda ir unido a enfrentar a sus adversarios reales, que se encuentran en la oposición.

Hasta hoy, no son del todo tangibles las muestras de esa voluntad y de esa vocación por la unidad y la conciliación entre sus mismas filas. Si bien es cierto que aún faltan muchos capítulos por escribirse, ahora sí el diputado Pérez debía comenzar a comprender seriamente que, en su voluntad y más allá de ella, no es la soberbia lo que construye.

Para ellos mismos, sería un error considerar que por la concurrencia y las muestras de adhesión, el evento del martes fue la confirmación de su triunfo al interior y que, a partir de ello, no son necesarias las muestras de voluntad de conciliación entre los sectores que se habrían quedado en el camino. El informe, así, fue una muestra representativa de los dos polos del priismo: el que ya sabe para dónde va; y el que estuvo ausente y que, ante las circunstancias, es indispensable para todos sumar. No olvidemos que ninguno de los otros cinco aspirantes, acudió al evento.

SUMA PAREJA

¿Por qué no acudió a dicho evento el senador Adolfo Toledo Infanzón, el edil José Antonio Hernández Fraguas, el diputado federal Jorge Franco Vargas y los secretarios José Antonio Estefan Garfias y Martín Vásquez Villanueva?

En un primer momento, podría considerarse que por una cuestión de salvaguarda del decoro y la dignidad, en un momento crítico del proceso para elegir al candidato a Gobernador en el PRI. Sin embargo, esas ausencias son, sobre todo, una muestra clara de cómo las complejidades en la negociación esa candidatura, han superado por mucho la disciplina que ya mostraron algunos grupos y sectores del priismo.

Hasta donde es posible establecer, por menos cuatro de los cinco personajes antes mencionados, se han resistido a aceptar las decisiones que ya prácticamente ha tomado el Jefe Político del priismo. Gran parte de esa resistencia, tiene que ver con la exigencia de que el proceso interno del tricolor sea una auténtica contienda interna. Pero también, en realidad, esa aparente incomodidad radica en que no se han utilizado los canales adecuados para hacer llegar esa decisión a los destinatarios.

Más allá de la distancia normal que debe existir entre los que participan en una competencia como esta, lo que parece es que esa falta de conciliación adecuada es lo que ha llevado a varios de los aspirantes a la resistencia. Mientras desde el más alto nivel no se construya esa “operación cicatriz”, y se continúe en la lógica de primero decidir para después arreglar los quebrantos, las brechas se seguirán ensanchando y las posibilidades de una auténtica cohesión se irán disminuyendo.

No denota simulación, o decoro político, la ausencia de los cinco aspirantes en el informe del diputado Pérez Magaña. Si con alguien le falta construir la llamada “unidad priista”, es con ellos. Solo, quiera o no reconocerlo, y sea o no él el candidato, no tendrá todas las posibilidades de afianzar el triunfo en las urnas.

 

ALGUNOS DETALLES

Al evento acudieron prácticamente todos los diputados federales del PRI por Oaxaca, excepto Jorge Franco, Manuel García Corpus, y Jorge González Ilescas. Durante el desarrollo del mismo, quienes trataron de hacerse notar en todo momento, con risas burlonas y actitudes imprudentes, fueron el diputado local Antonio Amaro Cansino y el coordinador de Delegaciones de Gobierno, Alejandro Avilés. También, fue de llamar la atención la presencia del subsecretario de Administración, José Villalobos Gallegos. Ver para creer.

almargen@tiempoenlinea.com.mx

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Contra la soberbia

"Debo enseñarme a mí mismo a desconfiar de ese peligroso sentimiento o convencimiento intuitivo de que yo soy quien tiene razón. Debo desconfiar de ese sentimiento por poderoso que pueda ser. De hecho, cuanto más poderoso sea, más debo recelar de él, porque cuanto más poderoso sea, mayor será el peligro de que pueda engañarme a mí mismo; y, con ello, el peligro de que pueda convertirme en un fanático intolerante".
Karl Popper.

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