+ Gobierno no es verdugo, pero tampoco salvador

No sorprende que ante cualquier gesto de beligerancia de la Sección 22 del SNTE, propios y extraños se asusten y crean que en cualquier momento podría ocurrir una repetición del conflicto magisterial de 2006. Aunque el sindicato magisterial en Oaxaca fue uno de los actores fundamentales de aquel episodio, es claro que en términos objetivos, aún con una posible beligerancia magisterial hoy no existen, ni cercanamente, las condiciones para un nuevo episodio de sinrazón e inconformidad en Oaxaca.

Varios son los factores que llaman la atención. Por un lado, resulta particularmente llamativo que se intente explicar la imposibilidad de que ocurra un nuevo conflicto magisterial, solamente a partir de las manos en que se encuentra el gobierno estatal, y la legitimidad electoral del gobernador Gabino Cué Monteagudo. Aunque es cierto que por sí solo ese es un factor de distención, también lo es que este no es el único elemento que verdaderamente podría distender, o inhibir, la formación de una nueva revuelta social.

En la contraparte, sin embargo, también hay aspectos que son particularmente llamativos. Uno de ellos, es el alimento que, para el ego y la capacidad presión y amague de la Sección 22, constituye el miedo ciudadano y el alarmismo de algunos medios de información.

En los primeros, es perfectamente comprensible: luego de haber vivido siete meses de un conflicto violento, que parecía no tener fin, y que afectó y aterrorizó a todos por igual, cualquier ciudadano de cualquier ciudad del mundo viviría con el temor de que una circunstancia similar, desatara una crisis social de las mismas dimensiones.

Empero, en los segundos, parece claro que todo resulta ser un elemento de conveniencia e incluso de manipulación. Pocos como algunos medios de la capital del país, ayudaron tanto a la Sección 22 y los grupos que en 2006 se rebelaron contra el gobierno estatal.

Y es que si en aquellos momentos algunas empresas informativas fueron copartícipes del conflicto al remarcar la información sobre la violencia, sobre los actos de represión y sobre los enfrentamientos, con tal de ganar y sostener morbosamente a su audiencia, hoy más de uno de esos medios se pregunta si podrían renovarse aquellos episodios, con tal de sacar ellos sus propias ganancias.

Todo eso, en realidad, no hace sino incrementar la capacidad de amague y presión de la Sección 22. Es claro que, en esa lógica, hoy el sindicato magisterial esgrime la amenaza sobre una revuelta popular cada que no se le cumple una promesa o capricho, como lo hace una mamá frente a su hijo con el “coco”, cada vez que éste no obedece una orden o cumple con alguna de sus responsabilidades.

El problema, en realidad, es que la gran mayoría en Oaxaca hoy vive asustada con el “coco” de la Sección 22. Si bien es cierto que ellos fueron una fuerza determinante para encabezar y sostener el conflicto popular de 2006, también lo es que la revuelta popular de aquel año fue mucho más que la demanda o el amague del magisterio, y que por esa razón resulta un engaño, un engrandecimiento malamente inmerecido, e incluso una autoflagelación de los oaxaqueños, el asumir a pie juntillas que fue sólo la Sección 22 la que encabezó y sostuvo el movimiento social de hace cinco años, y no toda la amalgama de grupos, intereses, aversiones y rencores, locales y nacionales, que en realidad se conjuntaron en aquel momento para hacer de Oaxaca una explosión conjunta de todos los males.

 

CAUSAS OBJETIVAS

Para atender aquella vieja consigna de no olvidar, habría que hacer un sencillo ejercicio de retrospectiva, para entender que el conflicto de 2006 no nació de la nada, ni fue sólo obra de la Sección 22 del SNTE. Además de las diferencias internas y las pugnas en el grupo gobernante, hubo una serie de elementos que poco o nada han sido analizados, y que en realidad constituyen un punto de partida fundamental para entender la crisis de hace seis años.

Ulises Ruiz Ortiz no se ganó, en Oaxaca, el mote de autoritario, insensible o “dictador” con el conflicto magisterial. Ese hecho, en todo caso, no fue sino la constatación de diversos rasgos que desde los primeros momentos de su gobierno ya había dejado ver a los oaxaqueños. Pero, ¿si no fue el conflicto magisterial lo que reveló en Ruiz ese talante autoritario, y la inconformidad en la sociedad no magisterial, entonces qué fue?

Tendríamos que remontarnos a 2005, y recordar las condiciones en que fue llevada a cabo la remodelación del zócalo citadino. Si bien se tiene memoria, entonces habrá de recordarse que dicha obra fue ejecutada del peor modo, y con el peor consenso social posible.

El entonces entrante gobierno estatal, dispuso tal obra sin contar con un proyecto claro; sin el aval de los más elementales grupos de especialistas en las materias relacionadas; sin consultar a la ciudadanía; sin tener claridad sobre el monto de dinero público que ahí se habría de invertir; e incluso sin tener una idea clara sobre el valor estimativo que se tenía a esa zona de la capital oaxaqueña, independientemente de que ésta necesitará o no, a juicio de los pragmáticos, una “mano de gato”.

Si aquello constituyó una afrenta para los oaxaqueños (que fueron ignorados y despreciados por completo, por un gobierno que decidió no verlos ni escucharlos), todo se constató cuando, producto de las obras, en abril de 2005 cayó un Laurel de la India que se encontraba plantado desde hacía un siglo atrás justo frente a Palacio de Gobierno. Ahí fue donde la inconformidad ciudadana llegó a su punto clímax. Y ahí fue donde, en realidad, comenzó a gestarse el conflicto que estallaría justo un año después.

 

MÚLTIPLES FACTORES

En realidad, la inconformidad magisterial, y su capacidad de movilización, fueron un elemento más que, aunque determinante, no fue el único que nutrió el conflicto. Sin el apoyo de las organizaciones sociales inconformes por la decisión oficial de no darles más recursos; sin el respaldo ciudadano que emergió de la inconformidad genuina; sin el apoyo de las estaciones de radio (como Radio Plantón, Radio Universidad y las estaciones que tomaron después); y sin el particular ingrediente que en ese momento era la elección presidencial que se encontraba en puerta, el conflicto magisterial de 2006 en Oaxaca no habría sido lo que finalmente fue. Así, los maestros fueron parte, pero no causa de fondo de la inconformidad social. No debíamos olvidar, ni confundirnos.

 

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